"But if there's a pill to help me forget, God knows I haven't found it yet, but I'm dying to, God I dying to. Cause trying no to love you, only goes so far, trying not to need you is tearing me apart. Can't see the silver lining, from down here on the floor, and I just keep on trying but I don't know what for, cause trying not to love you, only makes me love you more"
Querido… no, querido no. No debería poner tu nombre al lado de esa palabra, porque seguramente he intentado negar lo que siento tantas veces como me he perdido en el mar de tinieblas que son tus ojos. Y es inútil, porque por más que intente no quererte, en seguida llegas tú con esa sonrisa traviesa y con tu voz susurrante y seductora, y echas por tierra todas las murallas de hielo que con tanto esfuerzo construyo en torno a mi corazón, como la mano poderosa de una bomba nuclear, cuya onda expansiva se propaga por todo mi cuerpo, haciéndome temblar.
A lo mejor no debería estar escribiendo esto, a lo mejor estoy comportándome como una niña tonta y dominada por las hormonas, pero si no dejo fluir mis pensamientos y mis deseos al menos en forma de palabras inútiles y desgarradoras sobre el papel, explotaré. Estoy escribiendo estas líneas, como otras tantísimas que quedaron escondidas en el fondo de un cajón, para ti, sabiendo que seguramente tú no llegues a leerlas, porque soy demasiado cobarde como para dejarte leer esto, porque sé que cuando vuelva a casa con tu carta aún guardada a buen recaudo en la mochila, dispuesta a pasar un nuevo San Valentín solitario, me avergonzaré de mi propia estupidez y romperé este papel en mil pedazos, igual que tú hiciste un día con mi corazón.
Hay veces en la vida, en las que sabes que por mucho que te esfuerces, has perdido la batalla de antemano, antes siquiera de intentar pelear. Cuando mi corazón latió con una nueva frecuencia desconocida bajo el hechizo de tu mirada, supe que iba a ser una de esas veces. Y Dios sabe que he tratado de resistirme, que he llorado lágrimas de fuego, he gritado en mi interior hasta quedarme sin voz, y he tratado de liberarme del efecto narcotizante que tienes sobre mí, como una fiera guerrera. Pero no ha funcionado, sigo sin encontrar la cura para este corazón herido, al que cada tarde, cada vez que tus ojos se cruzan con los míos y pasan por encima de mí sin verme, asestas una nueva puñalada terrible y mortal.
Ojalá pudiese odiarte, ojalá fuera más fácil olvidarte, pero intentar no quererte solo me hace desearte más, fingir que no te necesito es consumirme lentamente en soledad, como una vela en un día de viento. Intentando no amarte, solo consigo amarte más, eso dice la canción, y lleva razón, y estoy muriendo en mi desesperado intento por olvidarte, por sacarte de mi cabeza un simple instante, pero es como si te hubieras convertido en una sombra permanente en mi mente, en una cicatriz imborrable. No puedes imaginarte la impotencia que siento por dentro cada vez que me descubro observándote atentamente, sin que tú te percates si quiera de mi existencia, sin que llegues a sospechar que todas mis sonrisas son para ti, que el brillo de mis ojos lleva tu nombre, que solo tú consigues despojarme de mi orgullo y hacerme quedar postrada de rodillas ante este odioso sentimiento que provocas dentro de mí y que barre todo rastro de raciocinio como un devastador tsunami.
Ahora ya lo sabes, aunque nunca llegues a sospechar– o sí– quién ha podido escribirte esto. A lo mejor es un error, una tontería romántica, pero necesitaba confesarlo, porque no soporto la incertidumbre, prefiero vivir con la certeza de que no tengo ninguna posibilidad contigo que con esta tortura de la incertidumbre, de no saber si una de esas miradas tuyas de reojo son para mí. No te ofendas, pero lo mejor que podrías hacer es desaparecer de mi vida o entrar en ella definitivamente; tú decides. Y si no, bueno, dicen que lo que no te mata te hace más fuerte, quizá coincidamos en otra vida.
14 de febrero de 2012
