domingo, 18 de septiembre de 2011

Only when I sleep

                             "I'd fall asleep and then I'd dream of you again."
Me despierto sobresaltada, he vuelto a soñar contigo. El sueño reciente se va convirtiendo lentamente en cúmulos de imágenes inconexas que se disuelven perezosamente en mi conciencia como volutas de vapor, atormentándome y forzando a mi mente a sumergirse en unos recuerdos dolorosos y dulces de un pasado aún demasiado reciente. Me incorporo en la cama y me echo el pelo del flequillo hacia atrás con los dedos, segura de que no voy a ser capaz de conciliar el sueño de nuevo.
No es la primera vez que me pasa, ni la última tampoco seguramente. He soñado contigo tantas veces desde que nos separamos que he perdido la cuenta, y empiezo a preguntarme si no me estaré obsesionando demasiado y si esto que me está matando por dentro es normal. Sé que debería olvidarme de ti, que eso sería lo lógico y lo menos doloroso, pero nadie sabe lo mucho que me está costando superar que lo nuestro ya no existe. Pienso que con el tiempo me curaré, que quedarás como un bonito recuerdo, una experiencia más de la que me acordaré con cariño, el tipo de cosas en las que solo piensas de vez en cuando y te sorprendes de que se hayan cubierto de polvo dentro de ese cajón cerrado con llave en tu corazón. Pero de momento, no tengo fuerzas para intentar ni convencerme de ello ni ganas de engañarme a mí misma diciéndome que ya no pienso en ti de la misma manera. Ha veces incluso, en esos momentos de bajeza en los que el mundo se te derrumba, he llegado a preguntarme si no fue una buena idea llegar algo más lejos de los juegos de miradas, si no me arrepentiré de que el primero en robarme un beso fue un tipo que solo conocía una semana.
Miro por la ventana, el cielo está empezando a aclararse; en lo alto del firmamento las últimas estrellas ya están desapareciendo, y en el horizonte, una franja dorada de luz solar empieza a teñir las nubes de color rosa. Contemplo embelesada la bola roja del sol asomarse tras la línea que separa el cielo de la tierra, alzándose majestuosamente con ese color anaranjado del amanecer, aparentemente cercano. Aparto la vista de la hermosa estampa de la salida del sol, los ojos me lagrimean, no sé si por el brillo ardiente y cegador del astro rey o por esos malditos recuerdos. Porque este amanecer es aquel que prometimos ver juntos, después de despertarnos abrazados entre las sábanas; es ese deseo que se rompió en mil pedazos en la soledad de mi cuarto esa misma mañana, porque tú ya no estabas conmigo, te había apartado de mi lado. Sé que aquel último día, teñido de lágrimas de despedida y desesperadas palabras de amor, tú estabas contemplando el mismo amanecer desde tu cuarto, pensando en mí con esa sonrisa ladeada tuya y quizá sintiendo aún el sabor de mi boca en la tuya consciente de que aquel era nuestro último amanecer.
Y lo sabíamos: lo nuestro había tocado fondo. Simplemente no queríamos verlo, tratamos de conservar la pasión de aquella semana incluso cuando ya no nos veíamos, y ahora volvemos la cabeza para no ver la escarcha que tiñe nuestro futuro imposible. Y por mucho que sepa que nuestros caminos se separaron hace días, con el último “te quiero”, hoy me pregunto si tal vez tú estarás a cientos de kilómetros de mí mirando el sol alzándose como una incandescente bola de fuego en el horizonte; si estarás como yo, tratando de recordar la sensación de nuestros labios acariciándose, o si acaso ya los habrás olvidado y sustituido por los de otra chica más asequible que está tumbada a tu lado.
Cierro los ojos y me toco los labios con los dedos, imaginando que son los tuyos, y casi lo consigo, casi te veo inclinándote hacia mí y besándome con la desesperación y la emoción contenida del último abrazo, abandonándote en mi boca por última vez ya, estirando al máximo el momento porque nos daba pánico separarnos. Me pregunto si a ti también te habrá asaltado una ensoñación así últimamente y si cruzaré por tu mente, paseándome entre nuestros recuerdos. Dicen por ahí que si sueñas con alguien es porque esa persona se ha quedado dormida pensando en ti muy intensamente, y por primera vez me lo creo, dejo que esa pequeña ilusión infantil tome forma y prenda como una pequeña llama dentro de mí, y te imagino tumbado en una cama demasiado grande, abrazado a un espacio vacío que ojalá yo pudiera llenar.
Quizá te has dormido recreando un reencuentro más que improbable y que mi mirada te ha perseguido en sueños, y que esta noche hemos estado abrazados de nuevo en oro lugar místico y tan lejano como la galaxia más remota, y que ese beso que me arde en los labios ha sido real. A lo mejor, si vuelvo a cerrar los ojos y lo deseo con esa fuerza capaz de destruir murallas, sentiré tus dedos rozando mi piel en una efímera caricia y contemplaremos un nuevo amanecer, juntos en sueños.
14 de agosto de 2011

No hay comentarios:

Publicar un comentario