"I walk this empty street on the Boulevard of Broken Dreams, when the city sleeps and I’m the only one and I walk alone"
Hay nubarrones negros tiñendo el cielo con su textura algodonosa e hinchada, de ese tono gris oscuro casi púrpura de una tormenta. Sé que va a caer un buen aguacero, de esos que descargan con una furia abrasadora en pocos minutos y te calan hasta los huesos, pero sigo caminando por las calles desiertas de mi ciudad, que se han ido sumiendo en sombras conforme las nubes iban ganándole la partida a la clara luz solar. Parece una ciudad fantasma, no hay nadie caminando y el par de los pájaros se ha apagado, corre una suave brisa fresca que juguetea con las hojas secas que hay esparcidas sobre el suelo y zigzaguea por las esquinas, pero el aire sigue siendo denso y pesando, irrespirable. O puede que todo sea culpa de este estúpido sentimiento que aletarga todas las demás sensaciones, me aplasta y me apuñala, me cierra la boca del estómago y crea ilusiones absurdas en mi mente.
Me he prohibido pensar en ti, en tu nombre, en la cadencia de tu voz, en el sutil aroma que siempre te acompañaba y que parece haberse adherido a mi piel como un hechizo de presencia permanente, y que me golpea cada vez que doblo una esquina, acelerándome el pulso como si realmente estuvieras ahí. No he hecho muchos progresos todavía, pero intento convencerme de que todo es cuestión de tiempo, que la herida aún es demasiado reciente. Sin embargo, daría todo por desprenderme de estos recuerdos que me persiguen allá donde voy, en forma de fotografías plagadas de sonrisas, canciones que parecen hablar de nosotros y que reflejan cada uno de mis estados de ánimo, o simplemente sueños, que me acosan mientras duermo e incluso cada vez que cierro los ojos, acercándome a ti tanto que casi puedo tocarte y haciendo que poco después te desvanezcas en la niebla como un fantasma.
Todo es muy confuso. Es como si esos días junto a ti los hubiera vivido a través de los ojos de otra persona distinta a mí, alguien a quien no conozco y que se encarga de restregarme todos esos recuerdos como acribillándome sádicamente a balazos con sabor agridulce. A lo mejor es todo culpa de ese éxtasis en que te sume el primer amor, o quizá tu sabor me emborrachaba y me volvía adicta a tus labios. Quizá todo se reduzca a eso: adicción; te necesito como un drogata a su marihuana, como un alcohólico a su botella de whisky, como un fumador a su paquete de tabaco, porque para mí eres como una droga, la peor de todas. Porque este anhelo me está consumiendo por dentro y el deseo de sentir tus labios abriéndose paso sobre los míos con fiereza me quema, me mata, me vuelve loca. Solo quiero una cosa, es muy simple: volverte a ver; sin embargo, ahora intento pensar con objetividad y algo en mí se da cuenta de que sin nos viéramos de nuevo sería como abrir la herida de nuevo totalmente, volveríamos a caer, sería como tomar un poquito de droga: solo me haría desear más.
Intento convencerme de que lo voy superando, que en realidad ya no duele tanto, y es una mentira que he llegado a creerme un par de veces. Pero ya no sé qué es peor, si esa ilusión de los primeros días sin vernos en los que solo quería oír tu voz, o esta incertidumbre de saber que ya nada nos une y que nuestro frágil puente se ha derrumbado delante de nuestras narices, y que a pesar de todo, dentro de mí sigues tan presente como si fuera ayer. Quizá, de una manera u otra, siempre te guardaré un hueco en mi corazón que visitaré de vez en cuando, porque el primer amor siempre marca, y ya lo único que me queda es preguntarme si tú harás lo mismo y si realmente fui la mejor de tu vida o solo un pasatiempo del que te olvidaste en seguida.
Sobre mi cabeza, retumba el grave sonido de un trueno, como si algo muy pesado se hubiera resquebrajado allá arriba. Miro hacia el cielo, pensando en que un día lo toque con la yema de los dedos para de repente darme cuenta de que solo era una ilusión que se deshizo como el humo en el viento. Un par de gotitas se estrellan sobre mis mejillas y resbalan sobre mi piel, seguidas por unas cuantas más, y de repente la cortina de lluvia se hace tan densa que todo se desdibuja y riela frente a mí.
Y no puedo evitarlo, abro los brazos dejando que el viento me empuje y echo la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados, sintiendo el furioso golpeteo de la lluvia en mi cara. Solo cuando estoy totalmente empapada y mi piel empieza a acusar el frío repentino, echo a correr con todas mis fuerzas, sin rumbo, simplemente colocando un pie delante de otro cada vez más rápido. Una sonrisa empieza a tirar de mis labios y lentamente comienza a burbujear dentro de mi pecho hasta convertirse en una carcajada histérica, una risa sin sentido. Sigo corriendo en dirección desconocida, arrullada por el sonido bisbiseante de la lluvia golpeando el suelo rítmicamente y los truenos roncos resonando entre las lejanas nubes. Estoy completamente empapada, noto las frías gotas de agua clavándose en mi piel y resbalando por mi cuerpo como el recuerdo de una caricia, la camiseta se ha vuelto transparente y pesada como una manta, y los vaqueros cuelgan de mis caderas goteando, mis zapatillas de tela están también inundadas, pero nada puede compararse a la euforia de pisar otro charco y escuchar el chapoteo del agua.
Miles de gotas zigzaguean por mi piel y tiñen mi cabeza de diamantes cristalinos, arrastrando y limpiando todo a su paso. El poder depurador de la lluvia me sorprende, ha conseguido que mis pensamientos dejen de ser lúgubres y perdidos en el pasado y ha vuelvo mi mirada tranparente de nuevo. Me permito dedicarte unos últimos segundos antes de desterrarte de mi mente para siempre, ahora que me siento fuerte y mucho más libre. A ti te hubiera gustado verme así, sonriendo tontamente con el cabello pegado a la cara, me hubieras abrazado por detrás, entrelazando tus manos con las mías bajo mi pecho de esa manera tan tuya de darme calor, y quizá nos hubiéramos detenido para alejarnos de la gente y besarnos un instante tras una protectora esquina.
Pero debo asumir que eso es sol un bonito recuerdo precioso y que tengo que aprender a vivir de nuevo sin ti a mi lado. Respiro hondo y es cuando me doy cuenta de que esto tan cálido que se mezcla con la lluvia sobre mis mejillas y se pierde en mis labios son lágrimas de euforia que expulsan el doloroso y abrasivo anhelo de mi interior a borbotones. Y es también entonces cuando reconozco el lugar donde me encuentro, el portal bajo el que me he refugiado para recuperar el aliento, donde he debido acudir por inercia, simple y ciega como el instinto. Alguien me cubre con una mullida toalla cálida y seca, y me llaman loca, y empiezo a distinguir los rostros que hay frente a mí. Siento unos brazos rodeándome y estrechándome con el cariño que solo esa extraña familia que son tus amigos son capaces de darte. Y es cuando me doy cuenta de que sí, sin ti es difícil respirar y salir adelante con una sonrisa, pero sin ellos, sin su calor, sin sus abrazos gratuitos y totalmente desinteresados, y aunque realmente no terminen de comprender cómo me siento ahora, no sería capaz de sobrevivir.
Así que, me digo mirando la lluvia caer cada vez más pausadamente, fue bonito mientras duró, quizá coincidamos en otra vida, y entonces ya probaremos suerte de nuevo.
29 de agosto de 2011

No hay comentarios:
Publicar un comentario